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Introducción
El sistema financiero es el conjunto de instituciones, medios y mercados que hacen posible que el ahorro de unos agentes económicos vaya a parar a manos de los demandantes de crédito, canalizando así la inversión y el crecimiento económico1. Sin embargo, en los últimos tiempos, el sistema financiero mundial ha sufrido una serie de turbulencias que han generado incertidumbre y preocupación entre los inversores, los reguladores y el público en general. ¿Qué está ocurriendo con la banca mundial y cuán grave es la situación? ¿Qué consecuencias puede tener para la economía global y para nuestros bolsillos?
Los problemas de la banca suiza
Uno de los casos más llamativos ha sido el de la banca suiza, conocida por su solvencia y estabilidad. El pasado domingo, el gigante financiero UBS anunció la compra de su rival Credit Suisse por US$3.200 millones de dólares en acciones, menos de un 40% de su valor al cierre del viernes2. La operación contó con el aval del gobierno suizo, que buscaba evitar el colapso de Credit Suisse, uno de los 30 mayores bancos del mundo.
Los problemas de Credit Suisse se remontan a años atrás, cuando cometió errores en la gestión de riesgos, se vio involucrado en escándalos de lavado de dinero y registró unas pronunciadas pérdidas el año pasado que dilapidaron los beneficios acumulados en ejercicios anteriores2. Pero la semana pasada fue crucial: el banco se vio arrastrado por una repentina espiral descendente, pese a la línea de emergencia de US$50.000 millones que le aportó el Banco Nacional de Suiza, y sus clientes comenzaron a transferir sus fondos a otros bancos2.
La caída de Credit Suisse ha sacudido los cimientos del sistema financiero suizo y ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de algunos de sus pilares, como el secreto bancario y la neutralidad política. Además, ha generado dudas sobre la capacidad de supervisión y regulación de las autoridades suizas, que han sido criticadas por su falta de transparencia y de coordinación con otros organismos internacionales.
Los bancos tecnológicos de EE.UU.
Otro episodio que ha causado alarma ha sido el de los bancos tecnológicos de EE.UU., que se especializan en ofrecer servicios financieros a las empresas del sector tecnológico. Dos de ellos, Silicon Valley Bank (SVB) y Signature Bank, se hundieron días antes que Credit Suisse, convirtiéndose en las mayores quiebras bancarias en EE.UU. desde 20082.
Estos bancos habían crecido rápidamente en los últimos años, aprovechando el auge de las startups y las empresas de innovación. Sin embargo, su modelo de negocio se basaba en una alta exposición al riesgo, ya que concedían préstamos a empresas con poca solvencia y sin garantías, esperando obtener altos rendimientos en el futuro. Además, se habían involucrado en operaciones especulativas con criptomonedas y otros activos volátiles, que se desplomaron con la reciente corrección de los mercados2.
La quiebra de estos bancos ha dejado a miles de empresas sin financiación y ha provocado pérdidas millonarias a sus accionistas y depositantes. También ha puesto en entredicho la solvencia de otros bancos tecnológicos, que han visto caer sus cotizaciones en bolsa. Y ha planteado interrogantes sobre el papel de la Reserva Federal, que había relajado los requisitos de capital y liquidez para estos bancos, confiando en su capacidad de innovación y adaptación.
La reacción de los bancos centrales
Ante esta situación, los bancos centrales de Estados Unidos y Europa han anunciado nuevas medidas para aportar liquidez adicional al sistema financiero, que garantice el normal funcionamiento de las transacciones financieras. Solo habían hecho esto dos veces en lo que llevamos de siglo: en la crisis financiera de 2008 y al comienzo de la pandemia2.
Su objetivo es reforzar la confianza de la gente y asegurarse de que los bancos aún puedan otorgar préstamos y pagar a los clientes que deseen retirar su dinero. Para ello, han ampliado los programas de compra de activos, han reducido los tipos de interés, han facilitado el acceso a las ventanillas de emergencia y han flexibilizado las normas prudenciales.
Los bancos centrales han afirmado que el sistema financiero es sólido y estable, y que las quiebras bancarias son casos aislados que no representan un riesgo sistémico. Sin embargo, algunos analistas han advertido que estas medidas pueden tener efectos secundarios negativos, como incentivar el endeudamiento excesivo, distorsionar los precios de los activos, generar burbujas especulativas y erosionar la credibilidad de los bancos centrales.
Las consecuencias para la economía y para nosotros
Los problemas del sistema financiero mundial pueden tener consecuencias importantes para la economía global y para nuestros bolsillos. Por un lado, pueden afectar al crecimiento económico, al dificultar el acceso al crédito de las empresas y los consumidores, y al reducir la inversión y el consumo. Por otro lado, pueden afectar a la estabilidad financiera, al aumentar la volatilidad de los mercados, la incertidumbre de los inversores y el riesgo de contagio entre los bancos.
Para nosotros, como ahorradores, inversores o clientes de los bancos, estos problemas pueden suponer una pérdida de valor de nuestros activos, una menor rentabilidad de nuestros depósitos, una mayor dificultad para obtener financiación o una menor seguridad de nuestros ahorros. Por eso, es importante estar informados de lo que ocurre con el sistema financiero, diversificar nuestros recursos, comparar las ofertas de los bancos y proteger nuestros derechos como consumidores.
En definitiva, el sistema financiero mundial está atravesando una etapa de turbulencias que puede tener implicaciones relevantes para la economía y para nosotros. Por eso, es necesario que los bancos mejoren su gestión de riesgos, que los reguladores refuercen su supervisión y que los bancos centrales actúen con prudencia y transparencia. Solo así podremos recuperar la confianza en el sistema financiero y aprovechar sus beneficios para el desarrollo económico y social.







