Tabla de contenidos
Introducción
El ‘capitalismo sardina’ es un término acuñado por el economista portugués João César das Neves para describir el modelo económico de su país, basado en la exportación de productos de bajo valor añadido, como el pescado, el corcho o el calzado, y en la dependencia de los fondos europeos1. Este modelo ha permitido a Portugal mantener un crecimiento moderado y una estabilidad política durante décadas, pero también ha generado una serie de problemas estructurales que amenazan su sostenibilidad.
Los desafíos del ‘capitalismo sardina’
Entre los principales retos a los que se enfrenta el ‘capitalismo sardina’ se encuentran los siguientes:
- La baja productividad y competitividad: Según el Banco Mundial, el producto interior bruto (PIB) per cápita de Portugal es de 23.189 dólares, muy por debajo de la media de la Unión Europea, que es de 34.712 dólares2. Además, el índice de competitividad global del Foro Económico Mundial sitúa a Portugal en el puesto 37 de 141 países, por detrás de España, Francia o Italia3. Esto se debe en parte a la escasa inversión en innovación, educación y formación, así como a la rigidez del mercado laboral y a la elevada burocracia.
- El envejecimiento y la emigración: Portugal tiene una de las poblaciones más envejecidas de Europa, con una edad media de 46,2 años y una tasa de fecundidad de 1,42 hijos por mujer4. Esto supone un reto para el sistema de pensiones y la sanidad pública, que requieren de más recursos para atender a una población cada vez más dependiente. Por otro lado, la emigración de los jóvenes cualificados en busca de mejores oportunidades laborales y salariales ha provocado una fuga de talento y una pérdida de capital humano.
- La deuda pública y el déficit fiscal: A pesar de haber reducido su deuda pública del 131,6% del PIB en 2014 al 117,2% en 20205, Portugal sigue siendo uno de los países más endeudados de la zona euro, solo superado por Grecia e Italia. Esto limita su capacidad de financiación y le expone a posibles tensiones en los mercados financieros. Asimismo, el déficit fiscal se disparó al 5,7% del PIB en 2020 debido al impacto de la pandemia de covid-19, lo que obliga al gobierno a adoptar medidas de consolidación presupuestaria para cumplir con los objetivos de Bruselas.
Las alternativas al ‘capitalismo sardina’
Ante este panorama, algunos expertos y políticos abogan por una transformación del modelo económico portugués, que pase de ser un ‘capitalismo sardina’ a un ‘capitalismo salmón’, es decir, que se oriente hacia la producción de bienes y servicios de mayor valor añadido, que incorpore la innovación y la digitalización, que atraiga y retenga el talento y que diversifique sus mercados de destino.
Para ello, se proponen algunas medidas, como las siguientes:
- Aprovechar los fondos europeos: Portugal recibirá unos 45.000 millones de euros del fondo de recuperación Next Generation EU, lo que supone el 21% de su PIB. Estos fondos representan una oportunidad única para impulsar la transición ecológica, la cohesión social y la modernización de la economía portuguesa, siempre que se utilicen de forma eficiente y transparente.
- Reformar el sistema educativo y formativo: Portugal tiene una de las tasas de abandono escolar más altas de Europa, con un 10,6% en 2020, y un bajo nivel de cualificación de su población activa, con solo el 33,5% con estudios superiores. Esto dificulta la adaptación a los cambios tecnológicos y la competitividad en el mercado global. Por ello, se requiere una reforma del sistema educativo y formativo que mejore la calidad y la equidad de la enseñanza, que fomente el aprendizaje a lo largo de la vida y que responda a las necesidades del tejido productivo.
- Fomentar el emprendimiento y la internacionalización: Portugal tiene un tejido empresarial muy atomizado, con un predominio de las microempresas, que representan el 95,4% del total. Estas empresas suelen tener una baja productividad, una escasa capacidad de innovación y una limitada presencia en los mercados exteriores. Por ello, se necesita promover el emprendimiento y la creación de empresas de mayor tamaño y valor añadido, que puedan competir en sectores estratégicos como el turismo, la energía, la salud o la industria 4.0. Asimismo, se debe apoyar la internacionalización de las empresas portuguesas, especialmente hacia los mercados emergentes, donde pueden aprovechar sus ventajas culturales e históricas.
Conclusión
El ‘capitalismo sardina’ ha sido el modelo económico que ha caracterizado a Portugal durante las últimas décadas, pero que se enfrenta a importantes desafíos que ponen en riesgo su viabilidad. Por ello, se hace necesario un cambio de paradigma que permita a Portugal aprovechar las oportunidades que ofrece la globalización, la digitalización y la sostenibilidad, y que le sitúe en la vanguardia de la economía europea.
Espero que esta entrada te haya resultado útil e interesante. Si quieres saber más sobre finanzas y actualidad, te invito a visitar mi web El Jurista Digital, donde encontrarás más contenidos de calidad y rigor. ¡Gracias por tu atención!







